Más de 400 millones de creadores acumulan audiencia y casi ninguno sabe rentabilizarla; la nueva profesión

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Profesiones emergentes · Economía de creadores

El eslabón invisible de la economía de creadores: ni influencer ni empleado, pero gana cada vez que otro monetiza su audiencia

Mientras la economía de creadores se acerca al medio billón de dólares, la mayoría de los creadores sigue teniendo dificultades para monetizar su audiencia de forma estable. Aunque millones de personas generan contenido, gran parte depende de los acuerdos publicitarios como principal fuente de ingresos, un modelo cada vez más competitivo e incierto.

Esta situación ha abierto espacio a nuevas figuras profesionales capaces de transformar la atención en negocio. Entre ellas destaca el lanzador digital, una especialización que Daniel Schepers, fundador de Shivalink, lleva más de siete años impulsando y formando desde dentro del sector.

Qué hace, exactamente, un lanzador digital

El lanzador digital no crea contenido ni busca seguidores propios. Su trabajo consiste en colaborar con creadores que ya tienen audiencia, diseñar junto a ellos un producto digital —habitualmente formativo— y lanzarlo a su comunidad, a cambio de un porcentaje de los ingresos generados. No cobra una cuota al creador ni le pide inversión por adelantado: su retribución depende por completo del resultado del lanzamiento.

La lógica que lo sostiene es la de un desplazamiento de valor. El patrocinio paga al creador por su atención, una métrica volátil y cada vez más barata a medida que el mercado se satura. El producto propio, en cambio, monetiza su activo más valioso y menos explotado: la confianza de su audiencia. Donde la marca alquila unos segundos de visibilidad, el lanzador digital ayuda al creador a construir un activo que le pertenece.

Uno de los nombres asociados a la difusión de esta profesión en el ámbito hispanohablante es el de Daniel Schepers, fundador de la escuela de formación Shivalink. Con más de siete años de trayectoria en la educación digital, su proyecto ha formado a más de mil alumnos en España y Latinoamérica. Su propuesta, recogida en shivalink.com, plantea la posibilidad de ejercer esta profesión partiendo desde cero, sin experiencia previa en marketing ni en tecnología.

Por qué ahora y no antes

La razón por la que esta profesión apenas existía hace una década es técnica. Crear un producto digital, redactar textos persuasivos o estructurar una estrategia de lanzamiento exigía años de aprendizaje en disciplinas como el copywriting, el diseño de producto o el marketing. Pocas personas reunían todas esas competencias a la vez. La irrupción de la inteligencia artificial generativa —que ya utilizan el 59% de los creadores, según Market.us— ha alterado esa ecuación.

“Durante años, esta profesión solo estaba al alcance de quien dominaba muchas habilidades técnicas. La inteligencia artificial ha quitado esa barrera”, explica Daniel Schepers, fundador de Shivalink. “Lo que buscan nuestros alumnos no es hacerse famosos, sino una profesión que les permita libertad económica, geográfica y temporal: decidir cuánto ganan, desde dónde trabajan y en qué horario.”

Según describe la escuela, estas herramientas permiten asumir tareas que antes requerían formación especializada, de modo que el profesional puede concentrarse en la relación con el creador y en la ejecución del lanzamiento, en lugar de adquirir previamente todas las competencias técnicas. El aprendizaje, en este modelo, se desplaza del dominio de la herramienta al criterio para aplicarla.

La objeción evidente

Una profesión que promete autonomía y se apoya en inteligencia artificial despierta, inevitablemente, una sospecha legítima: ¿no se trata de otra fórmula de dinero fácil reempaquetada con la tecnología de moda? La pregunta es pertinente en un terreno —el de la formación en negocios digitales— poblado de promesas exageradas.

La respuesta, en el caso de modelos como el de Shivalink, pasa por separar el método de la promesa. El trabajo del lanzador digital no garantiza un ingreso; describe una función real dentro de un mercado verificable, con una demanda identificable —cientos de millones de creadores inframonetizados— y una retribución ligada estrictamente a resultados. La diferencia entre una profesión emergente y un espejismo no está en el discurso, sino en si existe un problema real que resolver y alguien dispuesto a pagar por su solución. Los datos del sector sugieren que el problema, al menos, existe.

Quién elige este camino

El perfil mayoritario del alumnado, según la escuela, se sitúa entre los 35 y los 50 años. No procede necesariamente del marketing ni de la tecnología, sino que en muchos casos busca una reconversión profesional hacia un modelo de trabajo con mayor autonomía. Son personas que, tras años de experiencia en otros sectores, encuentran en esta profesión una vía para reorganizar su vida laboral sin necesidad de exponerse públicamente ni de construir una marca personal.

La escuela documenta la evolución de parte de su alumnado a través de los testimonios publicados en su página, disponibles en shivalink.com/testimonios, así como del contenido formativo que Daniel Schepers difunde de forma abierta en su canal de YouTube, youtube.com/@danischepers, donde aborda con regularidad las claves de la economía de creadores y de las profesiones digitales emergentes.

Una pieza más de un tablero en transformación

La aparición del lanzador digital no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de la maduración de la economía de creadores. A medida que el sector avanza hacia el medio billón de dólares, se profesionaliza: surgen agencias, herramientas, intermediarios y oficios especializados, del mismo modo que en su día ocurrió alrededor de la televisión o de la publicidad. La diferencia es la velocidad, y el hecho de que la inteligencia artificial permite hoy que una sola persona asuma funciones que antes exigían un equipo.

La consolidación de esta figura dependerá, en último término, de su capacidad para demostrar resultados sostenibles en el tiempo y de que la economía de creadores mantenga su trayectoria de crecimiento. Pero su sola aparición ilustra una de las consecuencias menos visibles de la revolución de la inteligencia artificial: no la desaparición del trabajo, sino la creación de nuevas formas de ejercerlo. Algunas de ellas, como esta, diseñadas para no dejarse ver.

Sobre Shivalink

Shivalink es una escuela de formación en negocios digitales fundada por Daniel Schepers. Su actividad se centra en la enseñanza de la profesión de lanzador digital: un profesional que colabora con creadores de contenido para monetizar su audiencia mediante productos digitales y herramientas de inteligencia artificial. Con más de siete años de trayectoria, el proyecto ha formado a más de mil alumnos en España y Latinoamérica, orientando su propuesta hacia profesionales que buscan reconvertirse hacia el entorno digital con mayor autonomía económica, geográfica y temporal. Más información en shivalink.com, en su sección de testimonios (shivalink.com/testimonios) y en el canal de YouTube de su fundador.

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